Excelente conexión me han producido los textos de Santiago Gamboa. Sus personajes pueden ser escogidos al azar en cualquier calle bogotana y lanzados a París, Jerusalén, Roma o Pekín. Y digo conexión porque de literatura no sé, solo de afectos literarios.
Mi afecto inicio con el Síndrome de Ulises, un texto bien recomendado por alguien que también vive el Síndrome y que ya no se va a curar. Una novela muy solidaria con el lector que no se identifica con los héroes o lo antihéroes. Esta historia de un joven que viaja a estudiar a París con la idea de convertirse en escritor, es quizá, una creciente vivencia de la clase media colombiana. El frío, la soledad, el sexo por recordar la compañía, la literatura, las crisis del alma y la economía del inmigrante (el aguante) son los puntos de inflexión de los viajeros, y es el lugar de encuentro del lector. Allí el pozo de la calle se hace espejo.
Pero ¿Quién era ese joven que aparece estudiando en París? Pues no sé si será así, pero yo lo encontré en su libro “Vida feliz de un joven llamado Esteban”. El niño que crece en Bogotá de los setenta y que juega quizás en las bahías de Chapinero, se enamora en el Colegio colombo italiano y vive la salsa de la época. Ese joven que viaja a París cuenta su historia en Bogotá, su viaje a Europa, su amor en Madrid y su decisión de formalizarse como escritor. Ahí, me quedó el cuadro completo entre la carrera séptima y el Boulevard Saint-Germain. Es una historia de la vida. Me gusta porque las historias se van amarrando sin pretensión, se van tejiendo con la claridad que solo puede tener la distancia del tiempo y se van haciendo piso con una amena literatura.
La literatura de Santiago Gamboa va desfilando entre diferentes paisaje. Es la literatura sobre viajeros que se ven sitiados en un hotel, en una ciudad en guerra, en las sábanas o en hombres que te siguen para averiguar tus secretos. Necrópolis y los Impostores, son dos novelas que se mueven en ciudades extrañas para el lector latinoamericano: Jerusalén y Pekín. ¿Por qué ambas ciudades están sitiadas? Una por una guerra y otra por hombres que te vigilan bajo la paranoia de encontrar un manuscrito. Lo interesante es que sus personajes centrales, hombres pasivos, que jamás pensaron salir de su escritorio, de sus calles tranquilas, terminan sitiados por un mundo abierto, novedoso, extraño y entrelazado.
Las novelas de Gamboa son las historias de quienes saltan de un lado al otro de la geografía, de las personas que conviven con aviones, hoteles, calles desconocidas, mapas urbanos, gente nueva, costumbres novedosas, extraños sazones, múltiples olores, pero que por sobre todo son personajes sencillos, gentes que no despertarían envidia alguna si no fuera por las situaciones en las que se ven sorprendidos entre un tren y el otro.
La conexión con su literatura es con el viaje, con las cosas arriesgadas que hace gente que nunca es valiente, con las extrañas cosas que le suceden a la vida predecible y con las imágenes de ciudades que mutan entre ellas para personas que no suelen creer que mutan demasiado.
Adicional: Su literatura llevó a las pantallas la película "Perder es cuestión de método" (ver).