
Perú. Cuando la tarde se fue, las calles se multiplicaron. La Plaza Constitución comenzó a atiborrarse de muchachos engominados, las chicas aparecían con su mejor pinta, los combos formaban en círculos, mayores y adolescentes, ricos y pobres, se congregaban para comulgar con el mismo ritual: la noche de fiesta.
En una esquina de la Plaza se veía un novio nervioso, parado rígido al frente de la Catedral cargando unas flores y mirando el reloj cada minuto. Las Colegialas observaban de reojo a alguna víctima mientras se reían con picardía. Al fondo, las señoras y abuelos vendían cigarros, chicles, dulcecitos de coca y cuanta chuchería de la noche que siempre se suele guardar en el bolsillo. A lo largo y ancho, entre las calles Giraldez, Real y Puno la concentración se hacía mayor, el ambiente crecía y las ganas por tomar algo para el frío también.
Tomamos rumbo por Jr. Puno en dirección a la carrilera del Tren. En medio de la larga y delgada calle una puertita inhalaba y exhalaba gente abrazada, cantando y hablando en letra pegada. Nos echamos a la puerta para que nos respirara y en unos segundos fuimos arrojados dentro del Inti. Al entrar nos confundimos con la música y los cinco ambientes. Alrededor de unas setenta mesas se distribuían por el patio, los cuartos y la sala de esa casona antigua convertida en el centro de trafiqueo de palabras. Los lugares estaban casi todos llenos, mientras los calientitos de pisco, anís y ron, junto con la Cristal, la Pilsen y el Vino Caliente rotaban por las mesas, los grupos bebían todos de un solo vaso y los hombres y las mujeres se abrazaban, hablaban y tarareaban la canción de la noche.
A la casona acudían estudiantes, obreros, vendedores ambulantes, oficinistas, viejos trompetistas, mecánicos, electrónicos, futbolistas, voleibolistas, cantantes, aspirantes a reinas, cajeras, boxeadores, bailadores de Huaylas, escritores, cantantes y bailarinas que se confundían en el crisol de las primeras horas de la noche mientras, Flor de Retama de Martina Portocarrero perfuma las paredes conspiretas: "La sangre del pueblo tiene/ rico perfume/ huele a jazmines, violetas/ geranios y margaritas/ a pólvora y dinamita/Carajo, a pólvora y dinamita/ Carajo! (1)

La media noche nos indicó la necesidad de desdoblar el cuerpo y nos conducimos hacia Jr. Puno entre Real y Libertad, la concentración más grande de peñas, discotecas y cafés. Habíamos regresado por la Plaza Constitución, cruzamos la Calle Real y quedamos al frente del Cerezo con su ambiente ochentero de rokcito. Dimos un paso más y terminamos en el restaurante/fuente de Soda el Inca, famoso por vender uno de los mejores calientitos de la ciudad. Allí mismo, parados en Jr Puno, entre la Calle Real y Libertad, se extendía frente a nosotros el Picasso, también ochentero, y más empujaditos hacia Jr. Libertad, los Antojitos, 1 y 2.
Los Antojitos 1, ese es el lugar. En este sitio de arquitectura rústica, dos pisos, destilaba música latinoamericana en vivo mientras el fogón de leña se encendía para moldear las pizzas, lasañas y truchas a la plancha. La fiesta se hacía un verdadero carnaval mientras todos se extendían por la pista de baile y sus alrededores. La magia serrana se cristalizaba en los ritmos de las mujeres que envolvían a sus parejas con el movimiento de sus brazos y con las lunas de sus ojos que atrapaban la noche.
La fiesta carameleo con la madrugada y aun las guitarras, flautas, baterías, charangos y quenas seguían sonando por las calles de la ciudad. La Calle Puno delgadita y alargada estaba llena de colores, olores y notas musicales. La gente seguía entrando y saliendo, los amigos se iban abrazados cantando la mejor canción de la noche, los amantes se tejían perdidos en sus propios ojos, la gente buscaba un anticucho para amortiguar la noche y los despistados se iban de banda a banda, rezando, cantando y llorando la hermosa vida.
Martina Portocarrero. Flor de Retama. http://www.youtube.com/watch?v=J7jwNHlGErA&eurl=http://www.martinaportocarrero.com/canciones/Flor_De_Retama.htm&feature=player_embedded
No hay comentarios:
Publicar un comentario