martes, 11 de agosto de 2009

Turistas postmodernos en los Andes


Perú. En el Lago Titicaca se encuentra asentada una comunidad originaria denominada los Urus (Hijos del Amanecer) quienes viven en Islas flotantes que ellos mismos han construido. Los Urus son una comunidad que viven desde largos milenios, de quienes se piensa vienen de la Polinesia y superan en antigüedad incluso a los Incas y Aymaras. Nuestro viaje por nuestro auto reconocimiento y des-aprendizaje de lo occidental nos llevó allí. En la embarcación que nos conducía al interior del Lago tuvimos la desgracia de escuchar el comentario de una alienígena de nacionalidad francesa, quien abiertamente y con toda tranquilidad manifestó “pobre gente, si no fuera por el turismo de qué vivirían?”. Es claro que esta alienígena desconocía desde todo punto de vista la historia y asumía una superioridad que la hacía pensar que dejaba limosna. Lo que ella, por supuesto ignorante, no sabía (ni sabrá), es que las comunidades andinas nunca han necesitado de sus limosnas y sus pesares. Son Ayllus que ha luchado históricamente, que han tenido la capacidad de construir su hábitat adentro del Lago a 3.800 msnm y sobrevivir miles de años sin que ningún francés o Europeo estuviera allí ayudándoles.

Por desgracia esta alienígena no es la excepción sino la regla. Unos madrileños se acercaban a unos niños a abrazarlos y tomarse abusivamente fotos, sin ni siquiera pedirle permiso a sus padres; fotografías que seguro después mostrarán a sus amigos y luego coleccionarán al lado de los niños del Sahara y los CD de música Bantú. Esta actitud es la típica contemplación estética de la realidad sin ninguna responsabilidad y compromiso con quienes visitan. Lo pobres y explotados les sirven de adorno en sus imágenes de viaje y les permiten vivir el mito exotizado de lo Andino o de lo Caribeño (ya que hay quienes que América Latina es todo Caribe).

¿Qué hay detrás de éstas actitudes y estilos de vida? Una actitud claramente postmoderna. La postmodernidad, ese movimiento nacido de las clases medias y altas de la sociedad industrializada y rica del hemisferio norte, los famosos Yuppies. Lyotar en Le différand, explica muy claramente que lo único que le queda a la humanidad (occidental) es la contemplación estética de la realidad, es decir, el individualismo contemplativo. Según Lyotard, frente a la relación violenta entre un miembro de la policía secreta nazi y su víctima judía no tendremos nada que decir porque cada cultura tiene su propia lógica y no puede ser interrumpida. Tan solo nos queda contemplar, no podemos tomar partido alguno, ni siquiera en la defensa de la vida, ya que para cada uno tiene un valor diferente. Tan solo somos espectadores, como cuando uno mira en el internet o en la tele los muertos de Irak, luego los inmigrantes que llegan a Italia, después Machu Picchu; solamente vale mirar y apreciar la estética de la realidad.

El postmoderno y por supuesto su agente viajero es un recolector de imágenes, un ladrón de las representaciones y un abusivo con la realidad de los pueblos originarios. Para esto estos turistas postmodernos la realidad existe musealizada, momificada y eternizada; les molesta ver que una parte de los runas/jaqi andinos ya no usen trajes típicos, y no precisamente porque entiendan que hay un saqueo imperial a su cultura milenaria, sino porque no tendrán una foto exótica para mostrar a sus familiares y allegados. Para estos turistas postmodernos, el mundo es tan solo un espectáculo dantesco.

Imágenes, piezas arqueológicas, personas, culturas, pensamientos, miserias y alegrías se vuelven para estos turistas postmodernos objetos para poner en el gran supermercado del espectáculo. Se les ve muy animados tomando fotos y grabaciones de todo aquello de la cotidianidad andina, sin valorar, ni entender, la producción histórica de 14 mil años de historia, sus prácticas, pensamientos y cosmovisiones. Todo les es indiferente siempre y cuando llenen sus expectativas míticas de museo y documentales que vieron en sus Penthouse. Adecuan su experiencia como quien asiste a un circo, pero no a ver solo los animales y malabaristas sino a los negros, andinos y campesinos.

Los turistas alienígenas no se comprometen con nada ni con nadie porque la contemplación estética no tiene nada que ver con la transformación social, ni siquiera con el reformismo. Un buen ejemplo son los Turistas Cooperantes, quienes además de vivir el turismo en imágenes se les ofrece un paquete de viajes para tocar, hablar y hasta cocinar con las comunidades que van a visitar. Este negocio ha crecido exponencialmente. Los clientes son los viajeros del Norte quienes viven de los mitos exóticos de acompañar a los pobres del mundo, limpiar las culpas en domingo y regresar a su tranquilo hábitat que se mantiene en parte con las riquezas sacadas del mundo colonizado y de la explotación de los inmigrantes que trabajan en su casa.

Asociaciones destinadas a la Cooperación internacional como Xarxa de Consum Solidari, Sodepau, Fundación Vicente Ferrer, Servicio Civil Internacional, Setem Catalunya entre muchas otras, ofrecen planes turísticos para que los alienígenas sientan que “ayudan” a los pobres que han producido en los últimos 500 años. Sin embargo los quieren en su lugar de procedencia pero no los aceptan en sus calles, barrios y ciudades, pues allí ya les huele feo. Con la misión caritativa se garantiza a los turistas postmodernos viajar a la zona para observar de primera mano a los andinos, negros y campesinos, tocarlos, tomarse fotos con ellos y regresar con un material para el mercado mediático. Mientras tanto sus habitantes quedan manoseados por los “riquitos buenos” de turno y en las mismas condiciones de colonialidad.

En las relaciones mundiales, el del Norte viene de vacaciones y el del Sur va a trabajar en las condiciones deplorables de siempre. La desigualdad en las relaciones es evidente y humillante. Este tipo de turismo comienza a comercializar a las personas, a su cultura, se aprovechan de las miserias ajenas para saciar sus culpas judeo cristianas; sumado a muchas miserias que dejan, han fortalecido el mercado sexual como lo exótico, pues como dice el dicho, no basta con ver sino que hay que tocar.

Una larga reflexión tendrá que hacerse por todas las sociedades pero sobre todo una larga de acciones para enfrentar el tráfico de la dignidad. En todos los continentes hay hombres y mujeres que son conscientes de dicho problema, que aceptan un dialogo intercultural aceptando las responsabilidades históricas y asumiendo las relaciones de poder actuales. No debería permitirse ese tipo de turismo que degrada la dignidad y prostituye las personas y las culturas, esto debería empezar por el cambio de la política de migración, la eliminación de los visados, el respeto a los inmigrantes y el fortalecimiento de la protesta social contra las políticas racistas y xenófobas.

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