

La racionalidad que alumbró la ciencia burguesa y que a lo largo del tiempo llegó a construir una sociedad virtual ha terminado volviendo a la gente más religiosa. En el Facebook la gente entra a diario a abrir una galleta de la suerte, a mirar su número de la suerte, el tiempo que ha vivido, lo que le espera en el futuro. La situación es tan arraigada a la fe, que la gente comenta su suerte y escribe palabras como “espero que se cumpla”, “dios te oiga”, “hoy sí será mi día de suerte”, “mejor no salgo de la casa”.
Los abuelos acudían a la Montaña, a los Apus, para pedir por la vida, a la Mama Coca, al Inti (dios Sol) y acudían porque eran entes con sabiduría, asumían que la vida era armónica entre sus componentes, donde todos los entes, la montaña, la piedra, el sol, el agua, el fuego, tenían vida y su vida permitía que todos vivieran y por ello se entablaba un dialogo de conocimiento y entendimiento mutuo.
Cuando las alienígenas llegaron vieron esas prácticas como brujerías y desconocieron las implicaciones que ello tenía para la armonía del mundo. Luego la ciencia y la dirección económica, asumieron que el hombre era el centro del universo y dueño de todo lo que existía, en movimiento o quietud. El camino de la racionalidad hizo que el hombre se esforzara y viera como progreso el dominio de la naturaleza y de los otros hombres en estado bárbaro. El hombre occidental trabajó en desritualizar el mundo, en hacerlo matemático, en tranzar la vida monetariamente. Tanta racionalidad les llevó al camino de lo irracional, de la fe en la ciencia, en el progreso y en la modernización.
Así que el culto nuevamente se pone en medio, o mejor, nunca nos ha abandonado, ni a los que se consideran más racionales. Las nuevas generaciones han venido construyendo sus referentes religiosos y los han delegado a la lógica de la máquina. Ayer, la racionalidad burguesa desplazó a sangre y fuego a los dioses del mundo y a su propio Dios cristiano, hoy la fe se proyecta en un nuevo oráculo basado en las proyecciones de un programa que indica la suerte, el camino y el consejo a seguir. Parece una realidad fílmica del control de las máquinas donde adultos, jóvenes y niños comienzan a centrar su creencia en los cálculos infinitesimales, en un verdadero y vulgar desencantamiento del mundo.
El internet que resulta ser una herramienta importante, a su vez ha construido un mundo paralelo en el que conocemos el amor, la amistad, la naturaleza sin escucharla, sin conversarla, sin caminarla, sin sentirla. El mundo virtual recrea la vida desnaturalizándola. La sabiduría se acumula irreflexiva en las máquinas mientras dejamos de escuchar a nuestros abuelos que por milenios nos han dejado un legado para la vida. La nueva sensibilidad nos aleja cada vez más de la sensibilidad de la tierra y del cielo. La pregunta es ¿acaso en qué mundo vivimos exactamente? Antes de los tiempos estaba claro cuál era nuestro mundo, hoy se puede mirar a tiempo real desde un satélite un trozo de tierra pero no se tiene muy claro qué sentido y qué valor tiene la vida allí… los espíritus de la tierra, sus sabiduría y guía comienzan a morir cuando millones de personas van migrando a ese nuevo mundo que se vive entre un escritorio y una pantalla, nunca antes la vida había sido tan reducida en espacio y espíritu. Que vida nos espera entonces, ahora que hemos aprendido a matar, amar y odiar virtualmente, qué valor tiene la vida entonces si cada segundo de nuestra intimidad está cercada por el mundo de las imágenes insensibles…
Ojalá podamos salir al camino para volver a sentir y saber que la vida no es una imagen proyectada en una pantalla… En realidad, es una invitación a romantizar y ritualizar el mundo que hemos ido perdiendo en la piel.
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