jueves, 10 de marzo de 2011

Verdugos

En la sombras corrían muy afanosas las cucharachas como si hubieran perdido las llaves del coche, la tarjeta de crédito o recibido una llamada de la sección de Urgencias del Hospital. Las ubicamos con la luz del mechero y comenzamos a perseguir a esos engendros que tanto asco nos dan. Eran dos cucarachas adultas y grandes que aunque espantadas regresaban al punto detrás de la puerta donde descansa una matera que acoge un arbolito de hojas alargadas.

Las perseguimos con saña pegándoles con una escoba y con los zapatos para espicharlas de un solo golpe. Por un momento nos miraban, se cruzaban entre ellas angustiadas diciéndose alguna cosa y volvía corriendo al punto junto a la matera detrás de la puerta donde estaba el arbolito. Por la noche oscura y tras mas de media hora fue imposible continuar, hicimos un par de movimientos más para espantarlas, cerramos las ventanas y puertas jurando cazarlas al siguiente día.

Muy temprano levantamos la matera y allí estaban. Se quedaron inmóviles junto a un cuerpo de una cucaracha más pequeña, que dormía muerta con las patas hacia arriba y muy rígida. Cogimos la escoba para terminar de una vez aunque parecía extraño que no defendieran su vida huyendo. Moví un poco la matera, golpee el piso cerca de ellas rogando se esfuamran para no tener que ser el verdugo. Pese a ello, Inmóviles como desconsoladas se quedaron quietas junto al difunto velándolo. Corrió una extraña sensación de pena como si el muerto fuera de la familia (al menos técnicamente compartían piso con nosotros).

Esta mañana junto al cadáver fueron veladas las otras dos.

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